Una cabaña para noche de Navidad // Cuento

Una cabaña para la noche de Navidad

La niña le dijo al abuelo:
- Quiero que nos acompañes.
- ¿A dónde?
- Al cerro de las rocas de cristal, frente al sol más brillante.
- ¿Y para qué queréis ir a ese sitio?
- Tú, acompáñanos y luego te lo digo.

Y el abuelo se fue en busca del borriquillo que, en las praderas de la derecha, comía hierba en libertad. Preparó el pequeño carro, enganchó el borriquillo a los varales y le dijo: “Ale, llénate de entusiasmo y tira con alegría de este carro. Hoy los niños quieren que los llevemos al Cerro de la Luz”. Llamó el abuelo a los niños, él y ella y también les dijo:
- Nosotros ya estamos preparados. Cuando queréis nos ponemos en marcha.
- Ahora mismo.
Dijo la niña y, sin más, subieron al pequeño carro de madera de roble. Un carro construido por el abuelo expresamente para el borriquillo. Para llevar a los niños de paseo y para transportar frutas, hortalizas y las flores de la niña, cuando ésta se iba por los campos.

El abuelo dio órdenes al borriquillo y, al poco, ya subían por el camino hacia lo más alto del cerro. Montados los tres en el pequeño carro y al calor del entusiasmo de la niña. Quiso él preguntar otra vez pero no lo hizo. Pensó que era mejor esperar y ver con sus propios ojos lo que ella se proponía. Por eso, mientras subían despacio, miraban a un lado y otro y esperaban que ella dijera algo. Él y ella, solo de vez en cuando comentaban:
- Abuelo, fíjate qué paisajes más bellos. A la derecha, el río con sus cascadas, a la izquierda, los bosques con sus tonos verdes oscuros y al frente, el Cerro de la Luz, con sus rocas blancas, cuarzo casi transparente.
Y el abuelo miraba y callaba.

Al mediodía llegaron a lo más alto del Cerro de Cristal. Al rellano donde los cinco gruesos pinos, las dos centenarias nogueras y el robusto almendro. Por entre la fina hierba de la llanura, avanzó el borriquillo tirando de su carro y con los tres en él montados. Dijo el abuelo:
- Tú dirás en qué sitios paramos.
- Sigue un poco más. Dile al borriquillo que lleve cuidado y que se acerque todo lo posible al balcón que mira al barranco, por donde el río nace y, desde aquí arriba, se ven sus cascadas y charcos.

Pidió de nuevo el abuelo al borriquillo que siguiera hasta donde la niña estaba diciendo. Tiró el asnillo de su carro hasta que la niña otra vez comentó:
- Aquí es, abuelo.
Dio órdenes el abuelo a su borriquillo y éste se paró. Bajaron los tres del carro y de nuevo el abuelo preguntó a la niña:
- ¿Qué es lo que por aquí venimos buscando?
- Ven conmigo.
Lo cogió de la mano y se lo llevó para donde las rocas de cuarzo, color hielo y transparentes casi como el viento. Se acercó a la puerta de la cueva, separó frente a ella, miró al abuelo y a su compañero y dijo:
- Quiero que me ayudéis a construir aquí una cabaña.
- ¿Una cabaña en lo alto de este cerro?
- Sí, la cabaña más bonita que nunca nadie haya visto.
- ¿Y para qué quieres esta cabaña y en este lugar?
- Para venirme a vivir a ella y recibir desde aquí la noche de la Navidad. ¿No estáis viendo que escenarios tan fantásticos?

Colección de relatos inéditos
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